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jueves, 30 de mayo de 2019

Agresividad en niños

El comportamiento agresivo en los niños y las alteraciones de conducta constituyen el problema más frecuente en las consultas de salud mental infanto-juvenil. Esto es especialmente significativo en varones, llegando a tasas que varían entre el 35-50 por 100.

Sin ir más lejos, hace poco salió en los noticiarios el caso de un joven que apuñaló a su madre porque no funcionaba internet en casa. Este es un caso especialmente grave de agresividad por sus consecuencias, siendo más frecuentes casos más leves, aunque no necesariamente menos preocupantes.

En este sentido, es inevitable plantearnos si la preocupación social responde a un aumento real de la frecuencia y gravedad de los comportamientos antisociales. Un reflejo de esa gravedad lo encontramos en las conductas agresivas en el contexto familiar.

Resulta sorprendente lo pronto que aparece el comportamiento agresivo en niños y la falta de herramientas de los padres para reconducirlo. Los padres manifiestan no poder controlar a sus hijos de cuatro y cinco años de edad, mientras son agredidos verbal y físicamente.

La explicación del comportamiento agresivo en los niños es compleja. No puede buscarse sólo en relaciones causa-efecto concretas o factores individuales o familiares. Debe contemplarse un marco más amplio. En este marco tienen cabida variables macrosociales, en las que se basan sobre todo la mayoría de programas de prevención. Este análisis no es sencillo, esa es la realidad. Baste decir que se han dado cambios sociales en las últimas décadas. Estos cambios se refieren a valores y creencias sobre estilos educativos; cambios que por otro lado pueden haber podido contribuir a generar el problema.

¿Qué entendemos por agresividad infantil?
La palabra agresividad deriva del latín «agredi», que significa «atacar». Atacar o agredir implica que alguien está decidido a imponer su voluntad a otra persona u objeto, amenazando con causar o causando daño físico o psíquico. En el caso de los niños, la agresión suele presentarse de forma directa, como un acto violento contra una persona. Este acto de violencia puede ser físico (patadas, empujones, pellizcos…).

El acto de violencia también puede ser verbal, como insultos, palabrotas o amenazas. Otra forma de agresión sería aquella en la que el niño arremete contra los objetos de las personas que se oponen a sus deseos.

El desarrollo de la agresividad en los niños
El comportamiento agresivo y el comportamiento antisocial están de alguna manera superpuestos, pero son diferentes entidades. Sin embargo, se sabe que cuando el comportamiento agresivo en niños es bastante estable, pueden predecirse comportamientos antisociales durante la adolescencia.

Por otro lado, existen múltiples factores que influyen en el comportamiento. Uno de estos factores lo encontramos en los genes. Se ha relacionado la variación en los niveles de serotonina con los comportamientos agresivos. También se han encontrado interacciones entre el maltrato de los padres y los niveles de monoaminoxidasa (MAO A).

Además de los determinantes genéticos, existen otros aspectos que influyen en la agresividad de los niños. Estos aspectos hacen referencia, por ejemplo, a padres que intentan imponer una disciplina muy fuerte, utilizando de forma recurrente la violencia. El maltrato hacia los jóvenes y niños está asociado a agresión y conductas antisociales. De todas formas, no todos los niños maltratados victimizan a otros cuando crecen.

Asimismo, existen otros factores que pueden estar asociados a la agresividad. Dichos factores pueden ser la edad de la madre, la capacidad de ajuste social de la familia, alteraciones como el déficit de atención, temperamento del niño, tipo de relación entre padres e hijos, falta de cohesión de las familias o la inconsistencia en la disciplina y represión, entre otros.
La importancia de la familia en la conducta agresiva de los niños
Durante la infancia, la familia es el contexto que más influencia tiene sobre el niño. Las interacciones entre padres e hijos moldean la conducta agresiva, especialmente en lo que se refiere a la gestión de las consecuencias que se derivan de dicha conducta. El problema de esto es que el niño puede generalizar lo aprendido acerca de la utilidad de la agresión, pensando de alguna forma que el hecho de que sus padres la utilicen la valida como un instrumento para conseguir lo que se pretende incluso con personas a las que se quiere.

También es importante el tipo de disciplina que ejerzan los padres sobre sus hijos. El comportamiento agresivo en niños es especialmente favorecido por una combinación de disciplina relajada y poco exigente con actitudes hostiles por parte de los padres.

Aquellos que son poco exigentes hacen siempre lo que el niño quiere, accediendo a sus demandas. En apariencia le dan un gran margen de libertad, sin embargo cuando el pequeño hace algo que les desagrada su reacción es desproporcionada. Esta falta de coherencia termina instalándose de alguna manera en el niño, que desorientado, tiende a imitar el comportamiento desproporcionado de los padres cuando algo no le gusta.

Tratamiento del comportamiento agresivo en los niños
El tratamiento del comportamiento agresivo en los niños no se basa únicamente en reducir o eliminar dicho comportamiento. También hay que establecer y fomentar comportamientos alternativos.

Madre hablando con su hijoSon varios los procedimientos que podemos utilizar para tal fin. Entre ellos, destacan los procedimientos para controlar los antecedentes del comportamiento agresivo, el modelamiento de la conducta no agresiva, la reducción de la estimulación aversiva y el control de las consecuencias.

Además, la escuela de padres (enseñar a los padres las características de los niños o las técnicas con las que modificar la conducta de sus hijos, por ejemplo) es un elemento fundamental dentro de un programa que busca eliminar el comportamiento agresivo en los niños.

Como hemos visto, el comportamiento agresivo en los niños es un hecho preocupante que va en aumento. El papel de la familia, especialmente el de los padres, es crucial a la hora de abordar estas conductas. Un psicólogo especializado puede ayudar, y mucho, a las familias con este problema.   

Agresividad en Adolescentes

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Adolescencia significa el final de la niñez y el comienzo de una nueva vida. Una época de profundos duelos: del cuerpo de niño que se transforma; de los padres, de los que hay que separarse para no correr el riesgo de convertirse en un bonsái humano; del niño que fuimos porque los amigos, el amor y la profesión, esperan. Este proceso se realiza con un cerebro inmaduro y con las hormonas del desarrollo a nivel extraterrestre. Los padres vivimos también los propios duelos. Los niñitos que iban siempre de nuestra mano se convierten en chavales y se olvidan de que existimos -excepto a la hora de las comidas y las pagas- y nos piden libertad de movimientos mientras nos informamos sobre las elevadas tasas de consumo de alcohol y drogas, el acoso y el sexo en internet, la adicción a los móviles, etc. Antes lo eran todo y ahora debemos dirigir la mirada hacia nuevos horizontes y a la pareja que está tan desolada como nosotros: sus expectativas de que estudie Medicina no se cumplen, lo que el niño quiere ser es 'youtuber', un tipo que suelta variopintos sermones sobre la vida en formato monólogo. ¿Es la edad del pavo un momento de pesadilla paterna?

Los mitos
Resultado de imagen para Agresividad en AdolescenteVaya por delante que estas reflexiones sobre la adolescencia no hacen referencia a los graves problemas que sufren algunas familias con hijos violentos y con dificultad para el control de impulsos que ocasionan gran sufrimiento. Me refiero a la edad del pavo como un proceso natural y la agresividad como un fenómeno asociado a esta etapa. Robert Epstein, doctor en Psicología por la Universidad de Harvard, afirma que la inestabilidad emocional y la conducta irresponsable no se debe al cerebro inmaduro, sino al resultado de influencias sociales y relacionales. Hay culturas donde los jóvenes no pasan crisis de ningún tipo, como aparece en las investigaciones de los antropólogos A. Schelegel y H. Barry, que estudiaron 186 sociedades preindustriales. El 60% de los chicos no tenían comportamiento agresivo de ningún tipo. "Necesitamos acabar con el mito del cerebro inmaduro, fijándonos sin prejuicios en adolescentes competentes que ha habido a lo largo de la historia, en los jóvenes de otras culturas y en el extraordinario potencial de los nuestros. Cuando se sienten rechazados, pueden comenzar a desarrollar conductas agresivas como mecanismo de defensa". Tendemos a verlos por los niños que han sido o por nuestras expectativas de lo que podrían ser, más que por los adultos que desean ser. Por otra parte, hoy se aceptan pocas emociones intensas que no sean la felicidad. Queremos verles triunfadores y sin emociones negativas porque son difíciles de gestionar. Es lo que el pedagogo J. Juul llama "bótox del alma", la tendencia a quitarse de encima todo aquello que no genera bienestar, incluida la agresividad constructiva que sirve para definir límites y normas.
La frustración
Resultado de imagen para Agresividad en AdolescenteLa adolescencia significa un nuevo nacimiento que se manifiesta en la búsqueda de la propia autonomía y el impulso de avanzar. La ira constructiva sirve para resguardar su endeble independencia. Por eso, pasan por la centrifugadora todo lo aprendido. Cuando los padres son rígidos y autoritarios esto se realiza a través de conductas de agresión física o verbal. Cuando educamos con afecto y apoyo incondicional, pero sin límites, promovemos su desarrollo individual, pero se crean expectativas elevadas de éxito. La frustración se produce cuando nuestras ilusiones y su realidad no coinciden, y la superprotección no permite confiar en que ellos podrán funcionar sin nosotros. La desilusión y la frustración por ambas partes es la consecuencia de todo esto. Los chicos se alejan de las madres y hacen piña con otros chavales, se dedican al deporte o a los videojuegos para afianzar su masculinidad. Suelen mostrar su desacuerdo a través de un enfado manifiesto. Las chicas vuelven a la madre protectora y confidente, o bien, buscan en el mundo de los hombres, que parece ofrecerles más posibilidades. Manifiestan su desasosiego a través de conductas autolesivas o trastornos de la alimentación. Tantos los chicos como las chicas dirigen la frustración que no saben canalizar en tres grandes áreas: dañando su cuerpo, fracasando en los estudios y eligiendo amigos inapropiados. Cuando los adolescentes son tratados como adultos -sin acomodarlos en la complacencia- aceptan el reto de inmediato

Agresividad en Adultos

Resultado de imagen para Agresividad en AdultosLa depresión, la desorientación y la pérdida de memoria son síntomas comunes de la vejez, pero además también es muy habitual que los ancianos sufran ciertos comportamientos agresivos. La agresividad en ancianos es una consecuencia del desequilibrio emocional que sufren las personas mayores debido al envejecimiento; la tristeza, el aislamiento o el desánimo pueden derivar en situaciones de enfado que generan situaciones de agresividad, y en algunos casos, incluso violencia.

Controlar estos episodios de agresividad es uno de los retos más importantes de los cuidadores de personas mayores, que en muchas ocasiones no comprenden el comportamiento del anciano y se sienten frustrados ante una actitud violenta. Para ayudar a afrontar este tipo de circunstancias, explicamos las causas más comunes de la ira en personas mayores y damos algunos consejos sobre cómo tratar la agresividad en ancianos.

La demencia, el delirio o los trastornos mentales como el Alzheimer provocan cierta inestabilidad en la salud mental del anciano, lo que puede derivar en desesperación y mostrarse en forma de un comportamiento agresivo.

Sin embargo, los propios síntomas de la vejez también pueden ser la causa de dicha agresividad, por lo que lo más importante es conocerlos y ofrecer apoyo al anciano para que no se sienta desamparado. Algunos de ellos son:

  • Sensación de inutilidad
  • Falta de autonomía.
  • Desconexión con el presente.
  • Rechazo al cambio.


ENTONCES, ¿CÓMO SE DEBE GESTIONAR LA IRA EN LOS ADULTOS?

Indudablemente, uno de los aspectos en los que debemos prestar especial atención en el cuidado de ancianos es infundirles tranquilidad y hacerles sentir acompañados y comprendidos. Escucharles, darles conversación e intentar no entrar en una discusión con ellos son las tres claves para que el anciano se sienta más relajado y prevenir sus posibles ataques de ira.

Si aun así no podemos evitar un episodio de agresividad, estos son algunos consejos para saber cómo reaccionar y tranquilizar al adultos


1. DISTRAE SU ATENCIÓN
Ante una actitud agresiva, lo mejor es cambiar de tema, hablarle al anciano de algo cotidiano que le haga feliz, preguntarle cómo se encuentra, qué ha hecho durante el día y evita dar importancia a sus contestaciones o provocaciones.

2. DEMUÉSTRALE QUE NO ES FRÁGIL
Cuando un anciano se siente frágil, inútil o desprotegido, los episodios agresivos son más frecuentes, por lo que evita este tipo de sentimientos e intenta demostrarle el importante papel que representa para su familia, todo lo que ha logrado a lo largo de su vida y lo que todavía puede aportar. Hazle sentir útil.

3. EVITA RAZONAR CON ÉL
La capacidad de pensar con lógica en los ancianos se deteriora por lo que intentar entrar en una discusión argumentativa y hacerle entender que no tiene razón es una pérdida de tiempo. El anciano no te entiende e insistirle solo aumenta su inestabilidad emocional y, por tanto, su enfado.

4. SEPARA TUS LAZOS PERSONALES CON EL ADULTO
Si el anciano es familiar tuyo, sabemos que es difícil no tomarte su agresividad como algo personal, pero no está realmente enfadado contigo sino que su situación de vulnerabilidad hace que esté más irascible. Por eso, es esencial que intentes no darle importancia y no enzarzarte en una pelea con él. No sirve de nada.

5. PIDE AYUDA PROFESIONAL
Resultado de imagen para Agresividad en AdultosHay veces que la agresividad se vuelve algo incontrolable y por más que tu actitud sea la adecuada, no puedes evitarla. En esos casos, lo mejor es acudir a cuidadores profesionales que conozcan el comportamiento en la tercera edad y sepas no mezclar lo personal con lo profesional. Ellos ayudarán a controlar las emociones del anciano y harán que todo sea un poco más fácil.

Si estás buscando un cuidador profesional para tu familiar, contacta con Ayuda Familiar y mejora su calidad de vida.

Agresividad en niños