Adolescencia significa el final de la niñez y el comienzo de una nueva vida. Una época de profundos duelos: del cuerpo de niño que se transforma; de los padres, de los que hay que separarse para no correr el riesgo de convertirse en un bonsái humano; del niño que fuimos porque los amigos, el amor y la profesión, esperan. Este proceso se realiza con un cerebro inmaduro y con las hormonas del desarrollo a nivel extraterrestre. Los padres vivimos también los propios duelos. Los niñitos que iban siempre de nuestra mano se convierten en chavales y se olvidan de que existimos -excepto a la hora de las comidas y las pagas- y nos piden libertad de movimientos mientras nos informamos sobre las elevadas tasas de consumo de alcohol y drogas, el acoso y el sexo en internet, la adicción a los móviles, etc. Antes lo eran todo y ahora debemos dirigir la mirada hacia nuevos horizontes y a la pareja que está tan desolada como nosotros: sus expectativas de que estudie Medicina no se cumplen, lo que el niño quiere ser es 'youtuber', un tipo que suelta variopintos sermones sobre la vida en formato monólogo. ¿Es la edad del pavo un momento de pesadilla paterna?
Los mitos
Vaya por delante que estas reflexiones sobre la adolescencia no hacen referencia a los graves problemas que sufren algunas familias con hijos violentos y con dificultad para el control de impulsos que ocasionan gran sufrimiento. Me refiero a la edad del pavo como un proceso natural y la agresividad como un fenómeno asociado a esta etapa. Robert Epstein, doctor en Psicología por la Universidad de Harvard, afirma que la inestabilidad emocional y la conducta irresponsable no se debe al cerebro inmaduro, sino al resultado de influencias sociales y relacionales. Hay culturas donde los jóvenes no pasan crisis de ningún tipo, como aparece en las investigaciones de los antropólogos A. Schelegel y H. Barry, que estudiaron 186 sociedades preindustriales. El 60% de los chicos no tenían comportamiento agresivo de ningún tipo. "Necesitamos acabar con el mito del cerebro inmaduro, fijándonos sin prejuicios en adolescentes competentes que ha habido a lo largo de la historia, en los jóvenes de otras culturas y en el extraordinario potencial de los nuestros. Cuando se sienten rechazados, pueden comenzar a desarrollar conductas agresivas como mecanismo de defensa". Tendemos a verlos por los niños que han sido o por nuestras expectativas de lo que podrían ser, más que por los adultos que desean ser. Por otra parte, hoy se aceptan pocas emociones intensas que no sean la felicidad. Queremos verles triunfadores y sin emociones negativas porque son difíciles de gestionar. Es lo que el pedagogo J. Juul llama "bótox del alma", la tendencia a quitarse de encima todo aquello que no genera bienestar, incluida la agresividad constructiva que sirve para definir límites y normas.
La frustración







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